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VICTORIA COLOSIO |
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Caminando con ella se te pueden ocurrir esas cosas. Solamente,
los más increíbles desvelos... pichones, cornisas, migajas, expulsados
del paraíso. ¡Qué carajo puede importarte un pichón de paloma en un
país disuelto! Pero es ella. Sin querer te hacen reflejos sus pies
contra el cielo. Y ahí está: en un capitel de la Bolsa de Comercio,
una paloma buchona le está enseñando a sus pichones “el peso del paso
del cuerpo”, para que vuelen. Eso es Propedéutica, me dice, mirá...
Propedéutica de la danza. Yo la agarro de un brazo y la tiro hacia
“Augustus”, ella no hace caso a los semáforos y los autos gustan de
matar bailarines. Ella habla siempre a borbotones, recuerda un poema
de Willy Harvey y me anuncia su próxima coreografía a la gorra; en
el bar “Matute”. Cuando
llegamos a Mitre y San Lorenzo, los carteles de la ochava anuncian
la deconstrucción del edificio
que dará paso a la nueva Caja de Ahorro. Y Seguro. Seguro quedará
como fachada un paredón liso, a pique como un acantilado, sin descanso
ni huecos, porque en cualquier rendija se guarecen y chillan. Después
anidan y se ilusionan. Entonces se hacen dueñas y se quedan. Para
evitar las palomas, un arquitecto hará de toda la superficie un sólo
cartel luminoso, una sola pantalla fija, una luz maravillosa ha dicho,
anunciando los intereses fabulosos que dará la Caja a los señores
que le depositen. Nada
de migajas, sólo grandes divisas. Y créditos... fabulosos créditos
para comprar de todo, la familia... viviendas, con unas hipotecas
facilísimas. "All lending" dijo un tipo que daba las órdenes
de demolición. "All lending" significa créditos largos y
baratos, riesgo cero, y de yapa, otro crédito para el coche, el auto
que se merece la casa nueva. Como
se dice vulgarmente, lo más importante es el nido. El nido de ellos.
Todos
sabemos que Victoria nunca tuvo dónde reposar la cabeza... como el
Hijo de Dios, como una Grela rayada de Isadora (**) o como el mismísimo
Willy que terminó sus días guarecido en el atrio de la catedral y
la limosna. Esa raza puede vivir sin techo, pero no sin palomas. ¿Y
adónde iremos Victoria, cuando no haya más pichones...? ¿Adónde iremos
nosotros sin la techumbre de las estrellas? ¿Dónde iremos a parar
cuando no haya más pájaros? ¿Acaso una paloma del tango puede no tener
nido en La Argentina? Paloma no es golondrina, paloma no es gaviota,
paloma es bailarina... ¿adónde iremos sin el vuelo y el reposo? ¿Y
los poemas de Willy... dónde vivirán sin tu memoria? Algún
día nos darán un crédito para comprarlas, o quién sabe, cuando ya
no existan, un crédito largo y barato para fabricarlas: unas palomas
plásticas con lucecitas que se enciendan y se apaguen, y mientras,
en el vuelo llevarán una cinta en la pata, con el anuncio, el vencimiento,
el porcentaje, nuestro futuro, debitado automáticamente. El
mundo será un paredón liso... Victoria, un sólo cartel luminoso. Para
nosotros, no quedará siquiera una rendija. Habrá que irse vieja...
habrá que irse al país de las cornisas hechas con las puntas de las
alas de los ángeles. La Isadora manda a decirte, que hay uno debute,
furioso enamorado de tus clases, capaz de hacer ocho, firulete y marisa
en las mismas narices del tata pulpero. Un ángel rubio –dice-, como
era Willy, anunciando a todos los bailarines, que en el cielo no hay
semáforos. (*)
Victoria Colosio es una de las más famosas bailarina de tango de Rosario,
maestra de varias generaciones. (**) Isadora Duncan. |